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Una escuela infantil sin triturados ¿es posible?

Cada año, miles de padres y madres empiezan su periplo en búsqueda de la escuela infantil perfecta. Aquella que tenga el proyecto educativo más afín a lo que esperan, que esté cerca de casa o del trabajo, en la que sean flexibles, cariñosos, y que cuiden de sus hijos como si de ellos mismos se tratara, pero casi siempre toca renunciar a algo, y muchas veces, penalizamos la alimentación.

Son muchas las familias que acuden a mí preguntándome cómo gestionar la alimentación de sus hijos en el ámbito de la escuela infantil. Por un lado, hay pocas escuelas que permitan a los padres elegir cómo quieren alimentar a sus hijos, incluso algunas obligan a que consuman alimentos muy poco recomendables o directamente nocivos para los bebés, por otro, sienten infinidad de miedos sobre si lo harán igual que ellos, si comerán más, comerán menos, etc. Y todos estos miedos unidos al momento de dejar a su hijo en un espacio nuevo, multiplican la ansiedad de las familias.

¿Cómo puede ayudar la escuela infantil en este proceso?

La clave para mí esta en la flexibilidad. Preguntémonos cómo podemos hacer que el proceso de adaptación de la familia y el bebé sean lo más llevaderos posible. Pongo un ejemplo que me he encontrado: Toddler de 13 meses que se incorpora por primera vez a la escuela infantil, muy apegado a su biberón. La escuela infantil prohíbe el uso de biberones a partir de los 12 meses (¡Prohíbe!). ¿Imagináis cómo se siente esa familia? Otro caso que he vivido en decenas de ocasiones. Familia que empieza a practicar BLW, su bebé no come mucho, o quizá come un montón, llega el momento de ir a la escuela infantil y esta se cierra en banda, solo triturados. Los padres en este momento sienten verdadero miedo a que lo que han ido avanzando en casa se vaya al traste ¿no sería más fácil intentar dar continuidad a la labor de los padres dentro de las posibilidad que existan? Por ejemplo, si el personal no está formado en BLW, se puede ofrecer un menú intermedio, quizá triturado con grumos, con tropezones, para que el bebé tenga que hacer el ejercicio de masticar y los padres estén más tranquilos. Hay escuelas que lo permiten, pero otras muchas no.

Flexibilidad, empatía y formación

Para mí son imprescindibles a la hora de pensar en un proyecto para mi hija. Un espacio donde sienta que me escuchan, que cuidan de mi hija, pero a la vez, que aplican el conocimiento adquirido en cada una de sus acciones. Que se mantienen en constante formación. Hay muchas profesiones, y la educación y acompañamiento están sin duda en esta categoría, en las que tenemos que mantenernos activos, con ganas de aprender, cuestionar lo que sabemos y ver si es la mejor forma de hacerlo. Porque como educadores, la labor es siempre la de prestar el mejor servicio a las familias, y a los niños.

Si quieres saber más sobre cómo practicar baby-led weaning en el entorno de la escuela infantil, quédate por aquí.

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